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La necesidad de buscar un "gran quizás"

  • Julieth A. Ballesteros/ @juliethabo
  • 17 may 2015
  • 3 Min. de lectura

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La vida de Miles era una aburrida historia que no merecía ser contada, no había ocurrido nada en ella que pudiera salvarse de la horrible mundanidad. Por ello, a los 16 años, Miles decidió inscribirse en el mismo internado en el que había estudiado su padre, el Culver Creek en Alabama, pensando que tal vez en ese lugar hallaría su “gran guizás”, el mismo destino que había deseado encontrar François Rabelais después de su muerte.

El “gran quizás” puede interpretarse de distintas formas, puede ser la oportunidad de vivir, la razón de la existencia, o la vida misma. Dado que Miles era el tipo de chico invisible que solo tiene dos amigos (a quienes en realidad no veía como tales), se puede decir que lo que buscaba irónicamente en un internado, era la libertad de vivir.

Su anhelo se cumplió cuando llegó al Culver Creek y conoció a quienes serían las personas con las que compartiría el resto del año escolar, el primero era Chip Martin (el Coronel), un chico que estudiaba becado, fumaba y bebía, y sentía un profundo odio por los niños ricos que estudiaban con él. La segunda era Alaska Young, una chica misteriosa, inteligente, hermosa y rebelde, quien además era la proveedora de cigarrillos y bebidas alcohólicas del Coronel, su mejor amigo.

A medida que pasa el tiempo la relación entre Miles y sus amigos se va estrechando, los tres, junto con Takumi y Lara (otros dos amigos), organizan travesuras a sus enemigos declarados, los guerreros semanarios; fuman, beben y estudian. Al mismo tiempo, Miles descubre que está enamorado de Alaska, pero ella está encerrada en su propio ‘laberinto’ y entenderla es casi imposible.

Después de una anoche de alcohol y besos, Alaska fallece en un accidente de tránsito causado por ella misma. Miles y el Coronel se sienten culpables por haber permitido que la chica escapara del internado en plena madrugada, ebria y desesperada, por lo que deciden averiguar lo que la llevo a salir del Culver Creek tan repentinamente. Esto, para mantener viva la imagen de Alaska en sus memorias.

A medida que avanzan en la investigación, se incrementan las sospechas de que su muerte pudo no ser un accidente, sino un suicidio. Alaska había perdido a su madre esa misma noche hace 8 años. Desde entonces, se atormentaba a si misma por no haber sido lo suficientemente valiente para salvarla. Se culpaba y deseaba morir. “Ustedes fuman para disfrutarlo, yo fumo para morir” les dijo alguna vez a sus amigos.

Miles sabía de sus pensamientos suicidas desde que ella le contó sobre las últimas palabras del protagonista de su libro favorito: El general en su laberinto de Gabriel García Márquez. Le había dicho que la única forma de salir del laberinto del sufrimiento era haciéndolo “derechito y rápido”. Ahora se daba cuenta que a diferencia suya, Alaska, no buscaba un “gran quizás” a su lado, sino ponerle fin a su dolor. John Green jamás nos dice lo que pasó, pero al menos cuenta la razón por la que la chica salió de prisa camino al cementerio. El día anterior era el aniversario de la muerte de su madre y ella lo había olvidado.

Tras su muerte los sentimientos de ira, tristeza y culpabilidad se mezclaron en la cabeza de Miles, quien antes había imaginado un mundo de posibilidades con Alaska y ahora debía resignarse con mantener vivo el sabor de sus labios. En realidad, nunca la conoció completamente, pero no era necesario para amarla “en presente”, ella había marcado su vida para siempre. Alaska no solo sería su amor platónico, sino que sería la prueba de a dónde nos lleva el vivir sin saber porque.

“Cuando ella falló hace muchos años, cuando era una niña pequeña aterrada hasta la parálisis, cayó en el enigma de ella misma. Y yo podía haber hecho lo mismo, pero vi a dónde la condujo a ella. Así que todavía creo en el Gran quizá, y puedo creerlo a pesar de haberla perdido”. Miles finalmente reflexiona sobre la muerte y deduce que la mejor forma de salir del laberinto es perdonando. Él dice que aún cree en el “Gran quizá”, es decir, en la oportunidad de vivir, a pesar de que fue culpa suya y del Coronel que Alaska muriera.

El laberinto es la vida misma, complicada, llena de caminos, obstáculos como la muerte de un amigo, o de una madre, en ocasiones te llevará a lugares sin salida, pero tendrás que seguir caminando. ¿Cómo se sale del laberinto? ¿“derechito y rápido”?, ¿hay que fingir que no existe y “construir un mundo pequeño, autosuficiente, en un rincón trasero del interminable dédalo”?. La respuesta está en aprender a caminar por él, un “gran quizá”, puede ser muy útil en el proceso.

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